Travesía

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Me llamo Demostenes, soy remero en la tercera fila de un trirreme de la armada ateniense. Desde hace 10 años, desde la batalla de Maratón, Atenas se prepara para un enfrentamiento crucial contra el Imperio Persa, nosotros aún les llamamos equivocadamente medos, pues así se llamaban cuando tuvimos el primer contacto con ellos.

La noche es oscura y aunque la brisa marina acaricia la nave, el olor a sudor y a miedo impregna todas las cubiertas. Estamos en formación con otras 200 naves, las de Megara interpretan su papel en esta trampa que ha ideado Temístocles para dividir la flota del Rey-Dios Xerxes. Es nuestra única posibilidad de parar esta marea de barcos de la que dispone el Rey-Dios.

El día empieza a clarear por el Este. nuestro cadencia de boga ha cambiado a ritmo de combate, emproamos hacia una nave fenicia. Por orden de Temístocles, los hoplitas en cubierta ha sido reducidos a quince. No quiero pensar lo que ocurrirá si llegamos a un abordaje con el enemigo, ellos llevan hasta 30 soldados sobre la cubierta superior.

La carrera empieza, desenfrenada, frenética, nuestra proa surca las aguas con una velocidad sorprendente, la nave enemiga intenta una maniobra evasiva, seguimos remando ...

El golpe de nuestro espolón es brutal, ha desplazado la nave enemiga casi 4 metros de borda, hemos abierto una brecha en su casco, empieza a escorar, ahora ciamos con todas nuestras fuerzas.

La nave fenicia se está partiendo por la mitad, hemos perdido parte de la coraza de bronce de nuestro espolón, por todas partes se oyen gritos, por la nuestra de júbilo, por la fenicia de terror y peticiones de ayuda, nos alejamos del escenario.

No la hemos visto llegar, a toda velocidad se acerca una trirreme enemiga, han recogido los remos de babor, su rumbo es paralelo al nuestro, pero en sentido contrario, los remos más cercanos a la parte de proa de nuestra nave se rompen con estruendo, miles de astillas saltan por los aires, algunos de los remeros resultan con los brazos rotos; en secuencia, nuestros remos se van partiendo, y golpeando con una fuerza inusitada a los remeros que los manejan, tengo el tiempo justo para agacharme, mi remo se ve desplazado, mi compañero no ha tenido tanta suerte, el remo le ha partido algunos dientes, la nave es un continuo quejido, gritos de dolor y peticiones de auxilio se oyen por todas partes. Otra nave fenicia nos acomete por la banda de estribor...

No podemos maniobrar, el barco es embestido, cruje, algunos saltan al agua, otros mueren por el impacto.

Me hundo, veo un resor allá a lo lejos, algunos cuerpos me acompañan hacia el fondo, veo un hoplita de los nuestros intentando desembarazarse de su armadura y su hoplos, en un momento deja de forcejear, creo que ha muerto ...


 

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1 Comment

Me encanta este relato, es que me encanta, pero termínalo que me muerdo las uñas si noooooo

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