Como ocurre siempre con todos los best seller, inicié su lectura con bastante prevención, pensando que sería algo tan malo como en su día me pareció el célebre Código Da Vinci de Dan Brown. Malo en cuanto a su contenido literario, claro, en cuanto a tramas se refiere, no se puede negar que el Sr. Brown dio en el clavo.
Sin embargo, para mi sorpresa, Larsson hace un relato enjundioso y bien hilado, compatible con una prosa fluida y más que correcta que agrada leer. El personaje de su chica, Lisbeth Salander, es francamente poco grato, por lo menos a mí la tal Salander me produce sarpullidos, pero se las ingenia para que, por momentos, llegues a sentir hasta ternura por semejante borde medio psicópata-medio autista, que anda de continuo bien liándose con cualquiera, bien liándose pero a guantazos, si es que no damos por hecho que es una enferma mental psicótica que usa las vacaciones para intentar resolver teoremas matemáticos sobre la cuadratura del círculo, mientras se carga gente en plan ángel vengador :)
Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, son los tres títulos de la trilogía y aunque constituyen obras independientes están conectadas entre sí, tanto por los personajes como por la propia trama. Personalmente, me han entretenido mucho las tres y, en el panorama actual que no abundan ni los buenos retratos de personajes ni las buenas historias, todavía destaca más. Novela negra, policíaca, social, de denuncia o de puro entretenimiento, se ponga la etiqueta que se quiera, merece una mención especial, así como un sentimiento de pena porque Larsson haya desaparecido privándonos de más novelas en el futuro.
Y en Estocolmo hace un frío de bigotes.
Besos,
siestecita


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